7. Una noche antes del cambio corporal
“¡Chase! ¡No la pierdas!”
Un grito cruel resonó por todo el callejón. La luz de la luna era tenue, tan inútil como las farolas instaladas por el gobierno. Los pasos se perseguían entre sí. Una chica con el cabello atado de forma desordenada intentaba ampliar la distancia entre ella y los tres matones. No debían atraparla. Se giró por un instante, tirando un cubo de basura para frenarlos.
“¡Maldición!” gruñó uno de los enemigos de Irene.
Aún no era seguro, pero el estómago del hombre se agitaba