Punto de vista de Valeria:
No tenía prisa. Mateo nunca tenía prisa.
Cada movimiento era deliberado, como si me estuviera deshaciendo hilo a hilo, deshilvanando días de silencio, de dolor y de palabras que nunca llegaron a salir, todo con los dedos.
Las esposas me mantenían quieta. Pero ya no tenía miedo.
Estaba esperando.
Deslizó el cinturón por la línea de mi muslo. No para golpear. Para reclamar. Para volverme loca despacio.
El cuero estaba frío contra mi piel ardiendo. Lo sentí en cada centí