Punto de vista de Pedro
Rossella seguía llorando en su celda, acurrucada en el catre como una muñeca rota.
Mis hombres la habían traído de vuelta. La imagen de ella debería haberme llenado de satisfacción… veintidós años de venganza por fin dando fruto.
Pero en cambio solo sentí un vacío extraño, hueco, que no esperaba.
No funcionaba como yo quería. No sentía la plenitud que debería, y eso me pesaba.
Me acerqué más, la mano ya buscando el cuchillo que siempre llevaba en la chaqueta.
U