—No bajaste a cenar, ¿sucede algo?
Levanté mi mirada hacia él. Estaba en el umbral de nuestra habitación, recostado en el marco de la puerta, con las piernas cruzadas y los brazos doblados sobre su pecho, completamente limpio. No quedaba rastro de los acontecimientos de horas atrás, ninguna mancha de sangre, nada que delatara lo que había sucedido.
Si no lo conociera, podría haberlo visto en cualquier lugar y jamás habría sospechado que acababa de arrebatar una vida. No obstante, bastaba con ob