Me mira fijamente, con los ojos muy abiertos y totalmente deshecha. Sus muslos tiemblan, empapados y relucientes. Tiene el pelo hecho un desastre y el carmín corrido por culpa de mi boca.
—Dije que te haría gritar —murmuro, inclinándome sobre ella con la voz pastosa—. Pero nunca dije que sería solo con mi polla.
Ella traga saliva con dificultad. —¿Qué quieres de...?
Alargo la mano hacia su bolso, abro la cremallera y rebusco en el interior hasta que mis dedos dan con lo que buscaba.
Su vibrador