Capítulo 50. Una buena manera de despertar
(Dos días después…)
Era pasada la medianoche cuando el llamado de la naturaleza me hizo jadear, en un claro deseo de hacer algo. Llevaba noches en ese estilo, despertando con mucha hambre y en otras tantas, lo que quería no era exactamente comida, más bien era necesidad de otra cosa, y esta era una de ellas.
El brazo de mi esposo estaba estirado hasta mi cadera, su respiración era tranquila y su pecho subía y bajaba con normalidad, lo que significaba que no estaba tan dormido o cansado, pues cu