48. Loca
El teléfono sonaba como una campana y un recordatorio de que siempre sería la segunda opción. Ese objeto inanimado que estaba sobre la mesa, en ese momento se sentía como un juez, capaz de gritar mi condena.
Nunca sería suficiente.
No quería pensarlo; tenía seguridad en mí, pero en cuestión del amor me sentía débil. Esperaba que contestara como siempre lo hacía, que dijera que tenía un negocio del que hablar. Sus ojos se posaron en ese teléfono; lo pude ver desviar la mirada por unos segundos y