Livana se estremeció ante el tono demandante y seductor que usó el Áyax.
Cada célula de su cuerpo respondió a su toque pero ella estaba en contra de lo que estaba experimentando.
Era inaceptable que se sintiera así gracias a él.
—S-señor, aquí no podemos.
Puede entrar cualquiera.
Isadora vendrá.
Estaba profundamente avergonzada.
Si alguien la veía en esa situación sería espantoso.
Ella, una Thalassi, humillada de tal manera.
Estaba tratando de ignorar el calor que sintió entre sus piernas nada