A los días, Aria decidió que era una buena idea contratar a una persona que se ocupara de los trillizos, porque ahora que comenzaría a trabajar todo se le haría más difícil. Fue así como una interesada llegó a ella, se llamaba Elena, una señora de unos cincuenta años, bastante cariñosa con muchas experiencia como niñera, se presentó.
—Elena Guzmán es mi nombre, tengo más o menos diez años siendo niñera y estoy a la orden. Ah, nunca antes me había tocado cuidar a trillizos —mencionó con una eno