—No sé qué decirte al respecto, solo prefiero creer que también fue sincero contigo, tal vez ya no los necesita, al fin y al cabo la depresión también puede curarse.
—Sí, eso quiero creer —se quitó las lágrimas traviesas de su cara —. Estela, de seguro debes hacer muchas cosas.
—Sí, aunque todavía tengo un poco de tiempo de descanso. Un día de estos podremos quedar, hace falta.
—Opino lo mismo.
Después de hablar un poco más, finalmente se despidieron.
***
Aria llegó al jardín de