Maxwell salió de la casa de sus padres con el corazón palpitante, decidido. La conversación con sus padres seguía siendo una tortura en su cabeza, pero ya no había lugar para las dudas. Se subió a su auto y, sin pensarlo dos veces, pisó el acelerador. La adrenalina corría por sus venas mientras avanzaba entre los autos, aferrado al volante con una fuerza casi desesperada. Su mirada era intensa, fija en la carretera que se extendía delante de él.
La ira lo invadía, pero ese mismo enojo era el qu