Después de aquella llamada telefónica, Estela se quedó con una sensación de inquietud en el pecho, aunque no quería interferir de nuevo en los asuntos de su amiga, sentía que tenía el deber de ser esa persona que animaba a dar el primer paso sin que se diera cuenta, o al menos la persona que intentaría unir dos corazones rotos.
De pronto el timbre sonó. Al abrir la puerta se encontró con la imponente presencia e inesperada llegada de Noah.
—Oh, ¿qué haces aquí? Solo... No esperaba que vinier