Sin esperar a que ella respondiera, Simon se inclinó y la cargó en sus brazos. Luego caminó hacia el baño.
“Oye...”, exclamó Sharon en voz baja, pero rodeó por instinto el cuello de él con sus brazos. Por la postura dominante del hombre, ella supo que era inútil rechazarlo.
Ella se dio cuenta de que la bañera ya estaba llena de agua después de que él la llevó al baño.
“Así que ya lo tenías planeado”, dijo ella con un puchero.
Simon la dejó en el lavabo. Su voz era un poco ronca mientras decí