—Quiero saber dónde demonios está mi esposa ahora mismo —ordenó, sin esperar respuesta antes de colgar.
Se dejó caer de espaldas en el sofá con brusquedad. El teléfono resbaló de su mano y cayó al suelo con un golpe seco. Pasó la mano por su rostro, luego por su cabello, intentando contener el torb