Capítulo 86
La seda descendió lentamente, con una gracia casi irreal, deslizándose por el aire como una piel que se abandona. Cuando finalmente tocó el suelo en un susurro suave, la figura quedó expuesta bajo la luz cegadora del reflector.

El salón entero jadeó al unísono.

Allí estaba ella.

Su cabello oscuro
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