—Señorita Castillo… —intervino, con la voz suave pero firme— No debería abrazarse así a mi esposo frente a tanta gente. Podría generar escándalos innecesarios.
La frase cayó como un golpe elegante.
Dereck parpadeó, como si recién procesara la imagen frente a él.
—Isabella tiene razón. Aunque sea