—¡¿Qué carajo te pasa?! —alcanzó a protestar el hombre, tambaleándose hacia atrás por el repentino tirón.
Enzo ni siquiera se molestó en darle alguna mirada al sujeto; toda su furia y atención estaba centrada en ella. Sus ojos ardían con una mezcla de alivio por verla bien y una rabia ciega por enco