—Entonces empiezo a quitarte lo que te queda —respondió Gimena, ahora sin dulzura—. Ya casi pierdes a tu esposa… ¿Quieres perder también a tu madre?
El silencio se volvió insoportable.
—¿De verdad vas a lastimar a mi madre? —escupió con rabia—. La mujer que te protegió, que te defendió hasta el fi