Mikael
—Sírveme otro, Carlos —le insisto al barman, el cual me conoce desde hace tiempo.
—Claro, jefe. —declama el moreno alejándose en búsqueda de lo que le pedí. Es que es cierto, soy su jefe. El bar es mío, aunque son muy pocas personas que lo saben. No me gusta andar alardeando sobre mis bienes. Siento que mi mente está abotargada y por eso se me ocurren todas estas tonterías en estos momentos.
Trato de evitar el doloroso recuerdo de sus ojos, esos que por un instante ínfimo se apagaron a