Justin
La oí bajar.
Sus pasos eran lentos, casi dudosos. Pero vino.
Y eso era todo lo que quería.
Que viniera.
La madera del suelo apenas crujía bajo sus pies descalzos.
Un sonido tímido, como si quisiera borrarse, deslizarse en el aire sin dejar rastro.
Pero yo la sentía.
Cada presencia tiene una densidad. La suya pesaba en la habitación.
El sol entraba apenas por los ventanales, filtrado por las cortinas. Era temprano. Demasiado temprano para un domingo. Pero ella estaba