— . . . Punto de Vista de Ronan . . . —
El pequeño dormía en mis brazos, envuelto en una manta blanca que apenas dejaba ver su rostro. Su respiración era suave, pausada, y cada pequeño movimiento suyo parecía un milagro contenido entre mis manos. Tenía los párpados cerrados, las pestañas finas y oscuras, y esa tranquilidad inocente que solo los recién nacidos poseen. Lo observé durante minutos que se sintieron eternos, intentando grabar cada detalle en mi mente, porque por primera