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— . . . Punto de vista de Ronan . . . —
La casa estaba en silencio, pero no era un silencio de paz, sino uno pesado, casi hostil. Solo se oía el suave tic-tac del reloj en la pared y el respirar pausado del bebé en la cuna. Ismael dormía envuelto en una manta azul, el rostro apenas visible bajo la penumbra cálida de la lámpara. Me quedé observándolo, sin poder apartar la vista. Era tan pequeño, tan frágil, y sin embargo, la sola idea de que dependía por completo de mí me hacía sen