Luz
John camina de un lado a otro.
Su ceño fruncido y su gesto hosco lo hacen ver muy adorable.
Quiero decirle que se detenga y que deje de preocuparse, pero si lo hago ya no podré disfrutar de su expresión.
No todos los días logro apreciar a ese enorme hombre ser tan vulnerable como un tierno osito.
Desde la camilla en la que estoy, sonrío y continuo observándolo.
No hay nada de qué preocuparse, probablemente algún alimento me sentó mal. El olor de la comida grasosa me provocó náuseas, no