Los rayos luminosos del sol se filtran por la delgada tela blanca impactando en sus rostros.
Poco a poco sus ojos se abren, se da cuenta de dónde está y con quién.
Mira hacia abajo y ve una frondosa y oscura cabellera negra. Sonríe extasiado, cual muchachito en pleno enamoramiento.
La observa dormir tan plácidamente que se queda quieto en su sitio, pues teme que de moverse un centímetro, su dulce princesa despierte.
El tiempo pasa, y su brazo ya se ha adormecido, siente un intenso hormigueo,