—¡Oh por Dios! Qué coincidencia encontrarlos aquí.
—¡Hola!—saludó John, evidentemente alegre.
Camille no perdió el tiempo y se acercó para besar las mejillas de ambos. Primero el castaño, y luego Thomas. En este último se demoró más tiempo a propósito. Sus labios húmedos se posaron suavemente en su piel. Se estremeció como nunca antes al besar a un hombre.
No quiere imaginar lo que sentiría si besara sus labios.
Luz se acercó con cautela a John, creyendo que no la veía.
—Hola…
—Luz ¿Qué