John
No puedo dejar de verla, y siendo honesto, tampoco quiero dejar de hacerlo.
La yema de mis dedos cosquillean, ansiosos por volver a sentir el tacto de su suave piel.
Thomas me sonríe, mientras engulle como un desquiciado los trozos de pastel.
—¿Qué pasó John? —pregunta entre cucharadas.
—No lo sé.
—Hmmm, ¿Seguro?
—Si, comamos.
—Come tú, yo ya estoy terminando para pedir más porciones.
Quiero estallar en carcajadas, jamás lo había visto comer con tanto entusiasmo. Ya veremos si es ta