—Pues sí, ese es el supuesto regalo que te dejó, pregúntale a la secretaria.
Doy un suspiro y corto la llamada, al terminar de guardar mis cosas, salgo de la oficina y me acerco a Mabel.
—Mabel, ¿cómo estás? ¿Puedo preguntarte algo? —le pregunto con una sonrisa.
—Muy bien y usted señor? Claro, dígame. —levanta su mirada y me sonríe.
—Mmm algo extrañado, ¿Mi esposa me dejó algo en la oficina?
—Sí señor, se veía que era algo muy importante como para ser sorpresa —me confirma.
—¿Y cómo entró? No l