Para ser sincero, Valeria siempre supo lo que me gustaba. Ese había sido nuestro destino de luna de miel cuando nos casamos, y aunque aquel matrimonio fue parte de mi plan de venganza, debo admitir que disfruté de ese viaje. Sin embargo, no quería pensar en ella; solo quería saber dónde estaba.
Desde la última audiencia en el tribunal, nadie había vuelto a verla. Incluso su odioso abogado apareció en mi oficina exigiendo saber qué le había hecho. Estaba tan furioso que tuve que llamar a segurid