Un niño y una niña, como si el destino quisiera equilibrar el mundo a través de mi vientre. La vida, multiplicada por dos, lloró por primera vez entre las paredes del pabellón oriental. Yeonhwa temblaba. Las parteras lloraban.
Y yo…
yo pensé en él.
¿Estará vivo? ¿Estará herido?
¿Sabrá que ha sido padre?
¿Que su sangre, mezclada con la mía, ha traído al mundo dos corazones nuevos?
Seung fue el primero en verlos. Se acercó en silencio, como si no quisiera despertar un sueño.
—Son perfectos —dijo