Dicen que el amor verdadero es como un hilo de seda: fino, discreto, pero irrompible. Yo nunca entendí del todo esas palabras… hasta que él se marchó. Mi amor, mi rey, mi mundo entero.
Aunque su partida fue por un motivo justo —proteger a su pueblo, a su trono—, su ausencia pesa más cada día. El eco de sus pasos se ha extinguido en los pasillos del palacio, y mi reflejo, cada vez que lo encuentro en los espejos de agua o en los biombos, me parece más ajeno.
Y sin embargo… sigo esperándolo.
Cada amanecer. Cada noche sin sueño.
Como una llama que no se apaga aunque no quede aceite en la lámpara.
Fue durante el segundo mes que Seung comenzó a quedarse más tiempo a mi lado. No preguntaba mucho. No exigía nada. Solo… estaba. Aunque insistió que lo llamara Yu justo como lo hacía su hermano me costaba demasiado ser informal con él.
La forma en que me miraba cuando creía que no lo veía. El leve temblor en su voz al decir mi nombre.
Esa silenciosa devoción que se esconde en los gestos más p