Dicen que el amor verdadero es como un hilo de seda: fino, discreto, pero irrompible. Yo nunca entendí del todo esas palabras… hasta que él se marchó. Mi amor, mi rey, mi mundo entero.
Aunque su partida fue por un motivo justo —proteger a su pueblo, a su trono—, su ausencia pesa más cada día. El eco de sus pasos se ha extinguido en los pasillos del palacio, y mi reflejo, cada vez que lo encuentro en los espejos de agua o en los biombos, me parece más ajeno.
Y sin embargo… sigo esperándolo.
Cad