Cuando escuché que había llegado al ala este, supe que me buscaba.La puerta se abrió de golpe. Al verlo lo supe sus ojos que alguna vez me amaron estaban llenos de furia, un guerrero que ha perdido la fe. Tenía a la niña en brazos envuelta en una manta de lino fino apretándola contra mi pecho. Su hermano dormía profundamente, ajeno al rugido que se acercaba. Me arrodille frente a el, Mi rey. Mi esposo. El padre de mis hijos. Pero sus ojos ya no eran los mismos. No había ternura. No había recono