Capítulo XLII. Las cosas pueden cambiar, señor Lewis.
Martin.
Nada más llegar al hotel, una sensación de que algo no estaba bien me invadió, llámenlo sexto sentido, pero sentí como el vello de mi piel se erizaba, y decidí hacerle caso.
Algo me decía que, de alguna manera, el cobarde actuaría esta noche. Esa sensación fue la misma que esa vez, en esa noche, cuando estaba dentro del coche boca abajo mientras veía a mis padres heridos desangrase.
En mi memoria, el olor a sangre se mezclaba con el de la gasolina derramada, y aun pese a esa edad, y des