Capítulo XLV Hasta en el peor momento, hay esperanza.
Martin.
Estaba de nuevo allí en ese coche, aun oí el golpe, y el metal retorcerse, los gritos de mis padres, y mi madre gritar mi nombre. Yo también grité no quería estar asustado, mi padre me había dicho que debía ser fuerte porque cuando él no estuviera, yo debía proteger a mi madre, solía decirme siempre cosas como esa, que yo sería grande, que conocería una mujer maravillosa como mi madre, y que me enamoraría, y que como hombre siempre, siempre debía proteger a mis seres queridos.
Pero e