Mundo ficciónIniciar sesiónViajó en caída libre, rumbo al paraiso.
Narrador Omnisciente Daniel no podía estar más feliz. Al fin cumpliría su sueño, volvió a acaparar su boca, la besaba con ímpetu y deseo, luego la tomó en brazos y la llevó a la habitación mientras la besaba, al entrar la bajó, la agarró por la nuca para tenerla más cerca, si eso era posible, besó su cuello, y comenzó a bajar el cierre del vestido se lo bajó lentamente hasta que cayó al suelo. Ella decidió quitarle la camisa con manos trémulas y llevó el mismo destino de su vestido, no pudo evitar pasar sus manos por su torso desnudo. Daniel siguió regando besos mientras la llevaba hacia atrás, sintió la orilla de la cama tras sus piernas y suavemente la llevó hasta tenerla acostada sobre las sábanas con él encima, el golpe de sus latidos golpeaban sus costillas, se sentía nerviosa nada más pensar estar medio desnuda delante de él, pero al mismo tiempo no quería arrepentirse, no ahora que estaba decidida a hacerlo. Besos húmedos en su cuello y clavícula la hacían suspirar, metió su mano debajo de su espalda y desabrochó su brassier, al quitárselo se sintió expuesta, nunca un hombre había visto su desnudez por lo que se tapó con el brazo. —No amor, son perfectos y hermosos —En realidad lo son, ni muy grandes ni muy pequeños, son perfectos para él, la volvió a besar colocó su mano en uno de sus pechos y cabían perfectos en ella, besó el lóbulo de su oreja, su cuello y fue bajando hasta llegar a sus pechos, prestándole la atención esmerada que siempre le quiso dar. Sofí no podía con tanta excitación, no sabía dónde colocar las manos así que hizo puños en las sábanas, es que las sensaciones que revoloteaban en su cuerpo nunca antes las había sentido y la tenían al borde hasta que Daniel abandonó sus pechos y bajo hacia su abdomen hasta llegar a su vientre. Comenzó a respirar más rápido cuando sintió como sus bragas eran bajadas por sus piernas hasta deshacerse de ellas, se tensó ante el acto y trato de taparse, fue demasiado para ella sus nervios volvieron a apoderarse de su ser, él al darse cuenta volvió a ella. -Amor quieres que me detenga? —indagó con su voz oscurecida por el deseo. —Solo estoy un poco nerviosa, no te detengas — No tuvo que decírselo dos veces, colonizó su boca, saboreó, devoró con ansias, era un beso donde se reconocían los dos y donde buscaron grabar ese momento en sus memorias. Daniel acariciaba todo su cuerpo dejando huellas en su piel marcandola como suya. Con sus manos en su cintura, viajó con sus besos por su ombligo en caída libre rumbo al paraiso. Sofí gimió al sentir su boca en el centro de sus deseos y no pudo pensar en nada más por las sensaciones que producían su intromisión de una manera que la volvia loca. Cada vez que le prestaba atencion a ese botón de nervios jadeaba, sintió ese nudo de placer y dolor alojarse en su vientre. De pronto estalló gimiendo su nombre, echó su cabeza hacia atrás y tomó bocanadas de aire para liberal el cúmulo de sensaciones que la embargaban. Él no dejo de admirar como su chica relucía en medio del éxtasis que le producía el clímax. Daniel supo que estaba lista para recibirlo, se despojó del resto de su ropa y se colocó entre sus piernas, se apoderó de su boca con pasión, mordisqueó su labio inferior y volvio a besarla con profundidad, al sentirla de nuevo entregada se posicionó en su centro y poco a poco se introdujo en ella, no quería ser brusco, por lo que se estaba conteniendo. —Mírame, «Yeux d'ange» —Lo miró a los ojos mientras sentía su intromisión, se tensó de nuevo, la volvió a besar y se relajó, la percibió perfecta a medida que entraba en ese cuerpo estrecho, fue avanzando de manera lenta, y vaya que le costaba contenerse para no hacerle daño hasta que ella sintió aquel ardor, ¡Cielos! No pudo evitar gemir de dolor y placer al mismo tiempo. —Pronto pasará mi ángel, déjate llevar no te lastimaré —Una lágrima se le escapó y la secó con sus labios al mismo tiempo que se quedaba quieto para que ella se acostumbrara a él. —Ya pasó lo más doloroso amor, ¿Estás bien? —Le susurró al oído y Sofí asintió, la besó y al sentirla entregada de nuevo, comenzó a moverse de manera lenta, logró alcanzar su ritmo era doloroso y placentero a la vez, Sofí acariciaba su espalda reconociéndolo como suyo, se movieron al mismo ritmo como si estuvieran danzando una melodía producida por los gemidos y jadeos, únicos sonidos que invadían la habitación —Dan... —gimió deseosa. —Lo sé amor —El vaivén lo hizo con más fuerza y firmeza mientras pasaba sus brazos debajo de su espalda y la apretaba más contra su pecho, por instinto lo abrazó por sus caderas con sus piernas; estaban abrazadisimos, sintiendo piel con piel en todos los sentidos, ardían como fuego, fuego que aumentaba un calor placentero y doloroso en sus centros. —Vamos amor, «Mes Yeux d'ange», déjate llevar. Él sabía que estaba cerca. —«Yeux d'ange» mírame, no cierres tus ojos, quiero ver tus ojos mi amor —Le obedeció y sintió ese magnetismo que afloraba cuando se miraban a los ojos, dos iris oscurecidos por la excitación y el deseo del momento. De nuevo sintieron ese fuego que buscaba liberarse de su ser, no pudieron más y estallaron los dos como volcanes haciendo erupción, ella llevó su cabeza hacia atrás buscando aire, liberando aquella energía acumulada y reprimida durante tanto tiempo ¡Qué carajos! No sabía que se podía sentir ese huracán, primera vez en su vida que sentía ese placer avasallante que amenazaba con acabar con su cordura, estaba abrumada con tantas emociones juntas. Daniel, al sentir tanto revuelo en su ser dejó escapar un sonido ronco preso de todas las emociones que lo llevaron a la cima del placer, la apretó más contra su pecho, sus montículos endurecidos pegados al pecho de Daniel, sus respiraciones alteradas al igual que sus latidos a punto de un colapso. —Mía, para siempre Mía —susurró dándole pequeños besos al oído, la envolvió en sus brazos, mientras ella escondía su cara en la curvatura de su cuello; así quedaron abrazados tratando de regularizar sus sistemas en un enredo de brazos y piernas y es que ¡Mierda! fue como si hubieran sido arrasados por un tsunami.






