06. PROMESAS

Promesas de un amor para toda la vida

Narrador Omnisciente

El mar, el mar siempre ha sido testigo de muchos sucesos , despedidas, encuentros, sueños realizados, promesas, sobre todo promesas de amor..

Decidieron pasar un fin de semana en una preciosa Isla del Caribe, Sofi estaba encantada, la isla era hermosa, sus aguas cristalinas y esa arena blanca que provocaba sentirla en sus pies.

La casa, es un sueño, moderna decorada con colores cálidos que invita al relajamiento; y la habitación principal ni se diga, es la cereza del pastel, amplia, acogedora con una terraza con vista a la playa y acceso a ella, desde ahí podía ver el atardecer sin salir al exterior, sin contar la piscina todo un sueño. Está feliz y más aún estando con Daniel.

—Amor esto es maravilloso —Se dirigió a Daniel, sus ojos y su sonrisa iluminaban su rostro.

—Me encanta que te guste, todo por verte feliz— Claro que sí, él daría todo por ver esa carita de ángel iluminada. Aunque, se sentía nervioso, aún no le decía las razones por las que estaban ahí. Lo tenía todo planeado, la llevaría a cenar mientras otras personas preparaban el ambiente para la ocasión.

Fascinada con el vestido que le había obsequiado Daniel, le quedaba perfecto, en color blanco, ajustado a su cuerpo resaltaba sus curvas, le llegaba un poco más arriba de sus rodillas, un escote recto con una pequeña abertura en medio de sus pechos la hacia ver más sensual, unas sandalias, su pelo suelto y un maquillaje discreto. Daniel en cuanto la vio quedó perplejo, la chica se veía espectacular.

Ella también reconocía que Daniel se veía muy atractivo con el atuendo que portaba, pantalón oscuro, camisa azul que hacía juego con el color de sus ojos, sus dos primeros botones sueltos y un saco a juego con su pantalón; su pelo despeinado completaban su atuendo, el cual lo hacían ver más juvenil. Estaba segura de que atraería muchas miradas femeninas.

Se vieron escaneandose uno al otro para luego aclarar sus gargantas.

—Señorita Sullivan, se ve espectacular ésta noche, y ese vestido ya quiero quitárselo para ver qué hay debajo —dijo tomándola por la cintura trayéndola hacia él.

—Lo mismo le digo señor Johnson, pero lástima que tengamos que esperar porqué no pienso perderme esta salida.

—Entonces, no se diga más, pero sabes que está noche no te salvas. —su voz sonó ronca por el deseo que comenzaba a surgir.

—Tampoco es que quiera salvarme —Rieron juntos, mientras la tomaba por la cintura y caminaban hacia el auto que habían rentado, no querían estar pendiente de un Uber.

Llegaron al restaurant más lujoso de la isla y si que era hermoso, contaba con una pequeña pista de baile. Así qué, cenaron y bailaron durante un buen rato hasta que ella decidió ir al tocador y él por supuesto aprovechó de llamar para saber si estaba todo listo.

—Amor, creo que es hora de irnos.

—¿Impaciente señor Johnson? —cuestionó con una sonrisa en sus labios.

—En realidad señorita Sullivan, muero por quitarle ese vestido. —susurró en su oído.

—Entonces vamos, no quiero ser la causante de su muerte, señor Johnson —Así que, pagaron la cuenta y salieron rumbo a la casa de la playa.

Daniel estaba ansioso por llegar, ella lo había notado y asumió que era por lo del vestido así que solo reía al verlo.

«Al fin llegamos», pensó Daniel, metió la mano en el bolsillo de su saco y constató que allí estaba la confirmación de su compromiso ante ella. La tomó de la mano para ayudarla a bajar del auto y antes de entrar decidió cubrirle los ojos.

-Amor pero ¿Qué haces? —indagó con inquietud.

—Tranquila solo déjate guiar, es una sorpresa.

En realidad era una sorpresa hasta para él, había impartido instrucciones a los decoradores de lo que quería, sin embargo, no estaba seguro si habían captado su idea.

La tomó de la mano y la guió hasta la habitación, una vez que entraron, él mismo estaba sorprendido por la belleza y elegancia con que la habían decorado. La decoración se extendía hasta la terraza.

—Daniel, ¿Que ocurre? —Quiso saber Sofi al sentir su silencio.

—Nada de que preocuparse cielo, te voy a destapar los ojos y los vas a mantener cerrados, una vez que cuente hasta tres los abres ¿De acuerdo? —Ella asintió, estaba ansiosa porque no entendía tanto misterio.

Le quitó la venda y contó hasta tres, Sofi abrió los ojos, veía la habitación con los ojos más abierto de lo normal, no quería perderse ni un solo detalle de lo que estaba presenciando. La habitación estaba iluminada con pequeñas velas, las mismas desprendían un aroma suave y exquisito, delicados pétalos de rosas adornaban la cama, pequeños globos en blanco y dorados flotaban en la cabecera de la misma y diminutas velas hacían un camino hasta la terraza.

Daniel guiaba a Sofi a través de la habitación grabando cada detalle de la misma, caminaron hacia la terraza por el sendero de velas hasta llegar a una mesa decorada con pétalos de rosas y una lamparita que iluminaba con un vela, además de delicados bocadillos, a un lado una botella de champán. Dos columnas decoradas con tela que parecían nubes y pequeñas luces que fungían de luciérnagas y en todo el lugar se dejaba escuchar una hermosa melodía y con el mar de fondo más hermoso imposible.

Sofía no quería perder ningún detalle sus ojos brillaban, Daniel solo la veía con detenimiento, pendiente de su reacción.

—Amor, ¿No te gusta? —Daniel preocupado porque Sofía no hablaba.

—Dan. . . Daniel, esto es hermoso en realidad, nadie había hecho esto por mi, aunque, no entiendo, ¿Por qué todo esto, qué celebramos?

—Cielo, celebramos nuestro amor; celebramos que eres tú el amor de mi vida, que eres tú, la que vuelve loco los latidos de mi corazón cuando pienso en ti, que son tus ojos y esa manera de mirarme, que son tus manos las que erizan mi piel al tocarme, que es tu boca la que provoca ese fuego dentro de mi por tu manera de besarme.

« Eres tú quien tiene el poder de destruirme el alma y volverme a ensamblar pieza a pieza, que me enamoro cada día más de tu alma, de tu sudor después que hacemos el amor, por eso te amo Sofi.—

A medida que Daniel le revelaba todo sus sentimientos por ella, tomó su mano izquierda y un hilo rojo que está sobre la mesa y lo ató en su dedo anular. Sofía no pronunciaba palabra alguna, y cómo pues, con todas esas palabras que estaban saliendo de los labios de Daniel, estaba en shock y poco a poco sus ojos se fueron humedeciendo; su pecho subía y bajaba respiraba de manera profunda, los latidos de su corazón golpeaban su pecho con fuerza.

—Eres tu Sofi, la chica con quién quiero compartir mi cama todas las noches y son esos ojos los que quiero ver al despertar todas las mañana. Ya no quiero a nadie más, eres la chica con la quiero compartir mi presente y mi futuro, por que te amo. Y ¿sabes Sofi? —Ella no podia ni coordinar sus palabras.

—Que mi corazón es tuyo, mis palabras son tuyas, mis sentimientos son tuyos, mis besos son tuyos. Me tienes en tus manos amor, porque te amo —Sacó una cajita de terciopelo la abrió, tomó el anillo y lo colocó en el otro extremo del hilo rojo atado a su dedo.

—Y porque te amo, te pregunto, Sofía Sullivan, ¿Quieres casarte conmigo, mi amor? —Sofi, no se esperaba esa declaración, «Santo Cristo», pues era lo más hermoso que había escuchado, no había medido la magnitud de los sentimientos de Daniel hacia ella, y sentía exactamente lo mismo, cómo decirle que no al amor de su vida, imposible. Así que, como pudo, con voz trémula le respondió.

—Amor, mis sentimientos son tuyos, mis besos son tuyos; los latidos desbocados de mi corazón cuando hacemos el amor definitivamente son

tuyos —Sonrió y se le escaparon las lágrimas— Estás lágrimas de felicidad son tuyas, y definitivamente amor si y un millón de veces si, me quiero casar contigo, Daniel Johnson —Una lágrima rodó por la mejilla de Daniel y al oír su respuesta una sonrisa iluminó su rostro.

—Sofi, prometo amarte en todas las formas ahora y siempre —Declaró Daniel.

—Dan, prometo nunca olvidar que eres un amor para toda la vida.

—Prometo que en caso de que el destino nos quiera separar, nos volveremos a encontrar — continuó Daniel mientras el anillo comenzó a deslizarse por el hilo rojo

—Prometo que nunca nos vamos a separar y si llegara a suceder sin importar la distancia que nos separe o el tiempo que tardes, te estaré esperando por que eres el amor de mi vida Daniel.

—Prometo hacerte feliz y envejecer a tu lado amor.

Pronunciaron sus promesas, mágicamente saliendo de sus labios sin haberlas preparado antes, al mismo tiempo que el anillo se iba deslizando por el hilo rojo, anillo que llegó al dedo de Sofi justo cuando Daniel terminaba de decir sus promesas, éste terminó de colocarle el anillo entre risas, lágrimas y besos.

El anillo es una joya preciosa, un brillante blanco con el símbolo de infinito a cada lado cubierto de diminutos brillantes, el cual adorna de manera maravillosa su delicada mano.

Luego de sus promesas hechas con el mar de testigo y bajo la luna llena, las sellaron con un beso que se volvió intenso, despertando ese deseo que no pueden reprimir cuando estaban cerca, si, porque cuando se tocaban sus cuerpos ardian como fuego, fuego que los consumía y se dejaban llevar hasta hacerse uno solo, liberando la energía que se les alojaban en sus centros y que los llevaba a sentir como si estallaran como fuegos artificiales, para luego quedar abrazados y comprobar una vez más que no hay mayor placer que quedar abatidos del cansancio después de hacer el amor.

Así se aman ellos.

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«El AMOR ES SOLO UNA PALABRA HASTA QUE ALGUIEN LLEGA PARA DARLE FORMA»

Paulo Coelho.

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