Rowan miró a Luciana mientras soltaba un largo suspiro. En sus manos sostenía el expediente del hospital donde Luciana solía hacerse los chequeos del embarazo. Aunque el nombre que figuraba ya no era el de Luciana Morreti, el documento había sido emitido con datos válidos cuya veracidad era incuestionable. A su lado, la pantalla de la computadora portátil acababa de reproducir el video con la confesión de un hombre que lucía completamente demacrado.
Al principio, a Luciana le impactó el aspecto