Sia
Le pido que no se me acerque y el cumple al menos con esa simple petición; sin embargo, no me deja sacarlo de mi mente, desde el primer día, se ha ocupado de que la casa está abastecida, ya tocaba que fuéramos a comprar los víveres.
A mi puerta llegan desde el desayuno, la comida y la cena, quién más sino él que sigue al pendiente de que siga respirando, intento sustituir este sentimiento por el antiguo odio que sentía por él.
Pero ni siquiera puedo, los días pasaron y por fin Ross, me