Eva Graham seguía metida en sus pensamientos, sabía muy bien que su hermanito no iría a la oficina, no lo esperaría en todo el día. Sabía que él no dejaría escapar esta oportunidad, tener entre sus brazos a su mujer, a su esposa, a la madre de sus hijos, se sentía feliz por su hermano. Pero el dolor no pasaba, el recordar cada caricia de esas delicadas manos, cada beso, los jadeos de su boca, los gemidos altos, seguía escuchándolos en su mente, — por Dios esto me va a matar lentamente.
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