Poco a poco Rebeca fue abriendo sus adormilados ojos grises, para encontrar un hermoso rostro frente a ella, mirándola con adoración y anhelo, transmitiéndole todo ese amor que había estado encerrado en él desde su partida o más bien, desde que los alejaron. Sin saber que decir o hablar, solo se tapó la cara con la sabana que cubría su cuerpo, sintiéndose avergonzada, recordando todo lo que había hecho con ese hermoso hombre que tenía al lado, sus mejillas se tornaron rojas y su voz se perdió e