CAPÍTULO 22

Llamé a mi madre desde la oficina y le dije que no me esperase para cenar, que cenaría fuera e iría a celebrar con los chicos, pero lo cierto era que sabía que si la veía me echaría a llorar como una magdalena y me pondría a llorar en su regazo, como solía hacer cada vez que uno de mis novios me abandonaba por otra.

Colgué el teléfono, agarré mi chaqueta y mi bolso, dispuesta a marcharme, pues &e

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