Mierda.
No...
¡Más que mierda!
Me empuja sin fuerza topándome a uno de los casilleros, puedo sentir la manecilla de la puertecita presionarme por encima del mono. Joder. Lazzarini está muy cerca, tanto que puedo sentir su respiración regular sobre mi rostro.
Me obligo a mi mismo a sostenerle la mirada levantando un poco la cabeza. Es atractivo, el cabron tiene una mirada que fácilmente atrae a cualquiera y tengo que reñirme a mí mismo por el solo pensamiento de verle atractivo.
Es hombre, y es