—Déjame... suéltame...
—¿Aún cuando estas así? ¿Es lo que quieres?
Su voz ronca y acentuada escurriendo por mi cuello, con esa fragancia fuerte que me hace recordar... si, me recuerda que es un hombre. Y si aún sabiéndolo... ¿por qué estoy deseando su tacto sobre mi cuerpo?
—No... suéltame... mmm... somos... aaah... hombres... —mi voz es un aguda súplica.
Puedo sentir como sus manos grandes acariciando mi pene desde la raíz recorriendo el tronco. La sensación es un jodido placer inmensurable. E