Capítulo 34. Plagas desatadas.
Von Dimitrakis
Las palabras del niño me desconcertaron, estaba esperando que se pusiera pálido, que se orinara en los pantalones, que llorara ante mi mirada de padre celoso, puse la misma expresión de empresario duro que le ponía a mis competidores y socios y los intimidaba, pero a este niño no, nada de lo que había pensado ocurrió, el muy granuja estaba extendiendo su mano hacia mí con educación y una expresión afable.
Gruñí al darme cuenta de que si ya mi hija de seis años me traía los enam