Amaneció y la sirena de la cárcel sonó despertando a todos allí adentro, Luiggi se levantó e hizo lo que el guardia le indicó, pero ni bien salió de su celda, fue abordado por los otros presos.
—Hola, cenicienta, aquí está tu príncipe que te hará feliz, jajajaja
—¿A quién extraña este corazoncito de caramelo? Jajaja
—Oye tú eres guapo y delicadito se ve que te sabes cuidar tu piel tan tersa, jajaja, como una adolescente, mi princesita
Con las burlas encima lo arrinconaron para empujarlo y se