Mundo de ficçãoIniciar sessão—¿Qué significa esto?
Chloe torció los labios en una sonrisa fría.
—Lo que ves, Julian... el divorcio.
Él apretó los labios, conteniendo la inexplicable molestia.
—Sé leer, Chloe. La pregunta es... ¿ahora quieres divorciarte? —Soltó una risa seca—. Si esto es para llamar mi atención, te adelanto que no va a funcionar.
Ella mantuvo la postura, sosteniendo los documentos con firmeza frente a él.
—Te advierto que si usas a Vanessa como una táctica para hacerte la víctima, estás perdiendo el tiempo conmigo. Tendrías que ser... importante para que algo así funcionara.
«¿Hacerme la víctima?», pensó Chloe, indignada. «¿Eso es lo que cree?».
Apretó los puños, tragándose el insulto.
De haber sabido que este era el verdadero Julian Kingston, jamás se habría casado con él; habría aceptado aquella beca en Londres sin dudarlo.
—No es ninguna táctica —respondió, sosteniéndole la mirada con una fijeza que él no esperaba—. Es simple. Quiero el divorcio.
Él la evaluó en silencio durante un segundo.
Luego sonrió con suficiencia, como si hubiera descubierto un truco barato.
Estaba convencido de que ella codiciaba el poder y el apellido de su familia; creía que se había ganado el favor de su abuelo solo para convertirse en una mujer de estatus.
Para Julian, Chloe era la última persona en el mundo que desearía un divorcio real.
—Julian, si estoy hablando en serio o no, lo sabrás en cuanto firmes los papeles y vayamos a la corte. ¿No te parece?
Al ver la determinación inquebrantable en sus ojos, él la observó fijamente antes de responder, decidido a ponerla a prueba.
—De acuerdo, acepto el divorcio. —soltó la pluma y se recosto entrelazando los dedos —Pero dime, ¿el abuelo sabe de esto? Si realmente quieres divorciarte, primero soluciónalo con él y luego vienes a hablar conmigo. De lo contrario, no me hagas perder el tiempo.
Aquellas tajantes palabras dejaron a Chloe sin aliento.
Era verdad; divorciarse de Julian no era un asunto tan sencillo, al menos no para ella.
Él se puso de pie, manteniendo su habitual desdén.
—Si no tienes la capacidad de resolver eso, entonces limítate a cumplir con tu deber como vicepresidenta de la empresa y como la señora Kingston en casa.
Ella se trago las palabras, no porque tuviera miedo, sino porque a esas alturas había aprendido, que se consigue más trabajando en silencio.
—Bien. Fue un descuido de mi parte, pero no te preocupes —replicó ella, recuperando la compostura—. Me comunicaré con tu abuelo hoy mismo.
Se giró con la frente en alto y salió de la oficina.
Julian se quedó mirando la puerta fija con esa maldita molestia que no sabía cómo explicar.
«¿Chloe divorciándose? Eso pasaría el día que los marcianos llegaran a la Tierra», pensó, intentando convencerse a si mismo.
—¿Divorciarse? Sí, cómo no.
En cuanto cruzó la puerta de su propia oficina, Chloe se llevó una mano a la frente y dejó escapar un largo suspiro. Sabía que la conversación con el abuelo de Julian sería difícil, por lo que decidió llamar a Harper para contarle lo sucedido.
Harper era la hermana menor de Julian y también trabajaba en la compañía.
Tenían la misma edad y eran muy unidas desde la infancia. Esos días, Harper se encontraba fuera de la ciudad por un viaje de negocios. Cabe destacar que Julian y Harper tenían además un hermano mayor, Andrew, dedicado por completo a la política.
Cuando Chloe le contó la noticia, Harper casi explotó de alegría al otro lado de la línea.
—¡¿Al fin?! —gritó, entusiasmada—. ¿Al fin vas a dejar a mi hermano? ¡Gracias al cielo! Escúchame bien: ve primero a ver al abuelo. Si él te da el visto bueno, lo demás será un simple trámite. Y si Julian se pone pesado, yo misma me encargo de él.
—Harper, de verdad, gracias.
—No me agradezcas. Si mi propio hermano no fuera una basura andante, yo no estaría cometiendo la locura de ayudar a mi cuñada a divorciarse.
El apoyo de Harper le dio a Chloe el valor que necesitaba, por eso al caer la tarde, condujo directo a la antigua residencia de los Kingston.
Estacionó el auto junto a la acera y entró a la mansión cargando una caja con los postres favoritos del abuelo de Julian.
—Señora Chloe, qué alegría verla —la saludó con calidez el ama de llaves.
—Hola, señora Higgins.
Tras el saludo, fue de inmediato a buscar al viejo Kingston.
Pasó la tarde acompañando al anciano en el jardín y cenaron juntos. Más tarde, mientras jugaban una partida de ajedrez en la sala, el abuelo rompió el silencio.
—Has estado con el ceño fruncido desde que llegaste. Anda, dime, ¿qué necesitas?
Con una de las piezas atrapada entre los dedos, Chloe levantó la vista y tras mirarlo fijamente durante unos instantes, confesó.
—Señor... ya no quiero seguir viviendo con Julian. Quiero divorciarme de él.
Al escucharla, el rostro del anciano se ensombreció y la sala quedó sumida en un tenso silencio.
—Cuando te pregunté hace tres años si estabas segura, me dijiste que sí —comentó el hombre, omitiendo cualquier tono de reproche—. Pero está bien. Sé que has hecho todo lo posible por este matrimonio. Si ya no eres feliz, ponle fin. Sálvate a ti misma y deja que mi nieto vea lo que perdió.
Dicho esto, el anciano asintió con severidad antes de esbozar una leve sonrisa.
Aunque no usaba redes sociales ni estaba al tanto de los tabloides, le llegaban suficientes rumores sobre la conducta disoluta de su nieto.
Y si Julian no sabía valorar a una buena mujer, no había razón para rogarle; Chloe merecía ser feliz.
Al ver la comprensión del hombre, a Chloe se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Yo... lo siento mucho.
—No. No lo sientas, no tienes que pedirle perdón a nadie, ya fue suficiente. La culpa del fracaso de tu matrimonio, es solamente de mi nieto.
(...)
Mientras tanto, en un exclusivo bar de la ciudad, Julian se encontraba bebiendo junto a sus amigos. Austin, recostado de forma relajada en el sofá, lo miró y soltó de manera casual:
—¿Es verdad que Chloe te pidió el divorcio?
Julian bebió un sorbo de su trago sin mirarlo.
—Solo es una rabieta, ya se le pasará.
—¿Y si esta hablando en serio?
Julian iba a responder, pero su teléfono comenzó a vibrar en la mesa.
Era su madre. Otra vez.
Apagó la pantalla sin contestar, pero el comentario de Austin se le quedó grabado en la mente, dándole vueltas.
—Tengo que irme —dijo de pronto, levantándose.
—¿A dónde?
No respondió. Ni él mismo sabía muy bien por qué se marchaba. Ni porque iba a alli.
Subió a su auto y manejó de regreso a casa y mientras lo hacia recordo como la familia adoraba a Chloe, seguía sin comprender cómo su esposa lograba tener a toda la familia Kingston comiendo de la palma de su mano.
—Parece que esa mujer los tiene a todos bajo un hechizo —murmuró para sí mismo.
Su abuelo la adoraba, Harper la defendía a capa y espada, y sus padres siempre se ponían de su lado.
¿De dónde sacaba Chloe tanta influencia sobre su familia?
Él mismo sabía la respuesta: en el pasado, él también había estado locamente enamorado de ella. Por eso había aceptado casarse, pero eso fue antes de descubrir su mentira.
(...)
Mientras tanto, en el dormitorio principal de la casa, Chloe acababa de guardar algunos productos de tocador en su bolso.
Se disponía a salir de la habitación cuando la puerta se abrió de golpe, levantó la vista y Julian estaba apoyado en el marco de la puerta, observándola con una expresión indescifrable.
—¿Vas a algún lado?







