BETHANY GOLD
—Betty, ¿no crees que ya es hora de que resuelvas tus diferencias con mi hermano? —preguntó Charlotte, alzando una ceja mientras nos acomodábamos en nuestros asientos, cada una con una copa en la mano.
La fiesta aún no había comenzado oficialmente, y como habíamos llegado antes que la mayoría de los invitados, todavía había tiempo para charlar tranquilamente antes de que el ambiente se animara.
Una suave música resonaba en el salón, y los invitados seguían llegando uno tras otro.