CHARLOTTE FLAIR
Aparté el teléfono de mi oído de inmediato y miré la pantalla.
Bernard Reed.
Una inquietante revelación me oprimió el pecho.
¿Me estaba acosando?
¿Cómo podía alguien ser tan desvergonzado?
La trampa que le tendí, aquella en la que estaba segura de que jamás caería... Bueno, cayó en ella sin dudarlo.
Ya sabía que Bernard era un desvergonzado.
Pero incluso yo había subestimado su audacia.
¿Cómo podía alguien traicionar a su propia familia tan fácilmente solo para protegerse?
Y si