CHARLOTTE FLAIR
—Seguro que me oíste bien —siseó—. No eres sorda, ¿verdad?
En cuanto esas palabras salieron de su boca, solté un bufido silencioso, más divertida que ofendida.
—Interesante —murmuré, cruzando los brazos sobre el pecho mientras la observaba, con una leve sonrisa asomando en mis labios—.
—Dime... ¿cuál es exactamente tu razón para pedirme que me aleje de tu hermano? —pregunté, alzando ligeramente una ceja—. Porque, que yo sepa, Fred y yo estamos perfectamente bien.
—¡Ay, por favo