Llegamos a Algarve Oriental en el mediodía y luego de dejar nuestras maletas en la posada, decidimos salir a caminar, recorriendo las hermosas y pintorescas calles de aquel fantástico pueblo.
Si antes pensé haber sorprendido a Maël con la idea de liberarnos del oscuro yugo del miedo, me había quedado corta. Le pillé anonadado cuando me aferré a su mano mientras hacíamos el recorrido. Ir agarrados de esa forma en plena calle… ¡Vamos! Un gesto normal de novios y algo que nunca habíamos hecho desd