CAPÍTULO 57

Me quedé como una estatua.

—¿Eh?

—Estoy estacionado frente a tu casa. Baja.

«¡¿Qué?!»

Me dirigí a la ventana de mi cuarto, la cual tenía de vista el frente de mi casa. Efectivamente en una esquina, un poco echado a la izquierda, vislumbré un carro de color oscuro y con las luces bajas encendidas.

Me devolví a la cama y me senté, anonadada.

—¿Se te zafó un tornillo?

—Delu, necesito hablar contigo. Por favor, ¿podrías bajar?

—Pero es que estás loco, Maël. Son más de las 2:00 de la mañana. ¿Qu
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