Me quedé como una estatua.
—¿Eh?
—Estoy estacionado frente a tu casa. Baja.
«¡¿Qué?!»
Me dirigí a la ventana de mi cuarto, la cual tenía de vista el frente de mi casa. Efectivamente en una esquina, un poco echado a la izquierda, vislumbré un carro de color oscuro y con las luces bajas encendidas.
Me devolví a la cama y me senté, anonadada.
—¿Se te zafó un tornillo?
—Delu, necesito hablar contigo. Por favor, ¿podrías bajar?
—Pero es que estás loco, Maël. Son más de las 2:00 de la mañana. ¿Qu